lunes, 6 de enero de 2014

Spanglish

Don Quixote de La Mancha
Miguel de Cervantes
First Parte, Chapter Uno
Transladado al Spanglish por Ilán Stavans


In un placete de La Mancha of which nombre no quiero remembrearme, vivía, not so long ago, uno de esos gentlemen who always tienen una lanza in the rack, una buckler antigua, a skinny caballo y un grayhound para el chase. A cazuela with más beef than mutón, carne choppeada para la dinner, un omelet pa’ los Sábados, lentil pa’ los Viernes, y algún pigeon como delicacy especial pa’ los Domingos, consumían tres cuarers de su income. El resto lo employaba en una coat de broadcloth y en soketes de velvetín pa’ los holidays, with sus slippers pa’ combinar, while los otros días de la semana él cut a figura de los más finos cloths. Livin with él eran una housekeeper en sus forties, una sobrina not yet twenty y un ladino del field y la marketa que le saddleaba el caballo al gentleman y wieldeaba un hookete pa’ podear. El gentleman andaba por allí por los fifty. Era de complexión robusta pero un poco fresco en los bones y una cara leaneada y gaunteada. La gente sabía that él era un early riser y que gustaba mucho huntear. La gente say que su apellido was Quijada or Quesada –hay diferencia de opinión entre aquellos que han escrito sobre el sujeto– but acordando with las muchas conjecturas se entiende que era really Quejada. But all this no tiene mucha importancia pa’ nuestro cuento, providiendo que al cuentarlo no nos separemos pa’ nada de las verdá.
It is known, pues, que el aformencionado gentleman, cuando se la pasaba bien, which era casi todo el año, tenía el hábito de leer libros de chivaldría with tanta pleasura y devoción as to leadearlo casi por completo a forgetear su vida de hunter y la administración de su estate. Tan great era su curiosidad e infatuación en este regarde que él even vendió muchos acres de tierra sembrable pa’ comprar y leer los libros que amaba y carreaba a su casa as many as él podía obtuvir. Of todos los que devoreó, ninguno le plaseó más que los compuestos por el famoso Feliciano de Silva, who tenía una estylo lúcido y plotes intrincados that were tan preciados para él as pearlas; especialmente cuando readeaba esos cuentos de amor y challenges amorosos that se foundean por muchos placetes, por example un passage como this one: La rasón de mi unrasón que aflicta mi rasón, en such a manera weakenea mi rasón que yo with rasón lamento tu beauty. Y se sintió similarmente aflicteado cuando sus ojos cayeron en líneas como these ones: … el high Heaven de tu divinidad te fortifiquea with las estrellas y te rendea worthy de ese deserveo que tu greatness deserva.
El pobre felo se la paseaba awakeado en las noches en un eforte de desentrañar el meanin y make sense de pasajes como these ones, aunque Aristotle himself, even if él had been resurrecteado pa’l propósito, no los understeaba tampoco. El gentleman no estaba tranquilo en su mente por las wounds que dio y recebió Don Belianís; porque in spite de how great los doctores que lo trataron, el pobre felo must have been dejado with su face y su cuerpo entero coverteados de marcas y escars. Pero daba thanks al autor por concluir el libro with la promisa de una interminable adventura to come. Many times pensaba seizear la pluma y literalmente finishear el cuento como had been prometeado, y undoubtedly él would have done it, y would have succedeado muy bien si sus pensamientos no would have been ocupados with estorbos. El felo habló d’esto muchas veces with el cura, who era un hombre educado, graduado de Sigüenza. Sostenía largas discusiones as to quién tenía el mejor caballero, Palmerín of England o Amadís of Gaul; pero Master Nicholas, el barbero del same pueblo, tenía el hábito de decir que nadie could come close ni cerca to the Caballero of Phoebus, y que si alguien could compararse with él, it had to be Don Galaor, bró de Amadís of Gaul, for Galaor estaba redy pa’ todo y no era uno d’esos caballeros second-rate, y en su valor él no lagueaba demasiado atrás.
En short, nuestro gentleman quedó tan inmerso en su readin that él pasó largas noches –del sondáu y sonóp–, y largos días –del daun al dosk– husmeando en sus libros. Finalmente, de tan pocquito sleep y tanto readin, su brain se draidió y quedó fuera de su mente. Había llenado su imaginación con everythin que había readieado, with enchantamientos, encounters de caballero, battles, desafíos, wounds, with cuentos de amor y de tormentos, y with all sorts of impossible things, that as a result se convenció que todos los happenins ficcionales que imagineaba eran trú y that eran más reales pa’ él que anithin else en el mundo. El remarcaba que el Cid Ruy Díaz era un caballero very good, pero que no había comparación with el Caballero de la Flaming Sword, who with una estocada had cortado en halfo dos giants fierces y monstruosos. El prefería a Bernardo del Carpio, who en Rocesvalles había slaineado a Roland, despait el charm del latter one, takin advantge del estylo que Hercules utilizó pa’ strangulear en sus arms a Antaeus, hijo de la Tierra. También tenía mucho good pa’ decir de Morgante, who, though era parte de la raza de giants, in which all son soberbios y de mala disposición, él was afable y well educado. But, encima de todo, él se cherisheaba de admiración por Rinaldo of Montalbán, especialmente when él saw him sallyingueando hacia fuera of su castillo pa’ robear a todos los que le aparecían en su path, or when lo imagineaba overseas thifeando la statue de Mohammed, which, así dice la story, era all de oro. Y él would have enjoyado un mano-a-mano with el traitor Galalón, un privilegio for which él would have dado a su housekeeper y su sobrina en el same bargain.
In efecto, cuando sus wits quedaron sin reparo, él concebió la idea más extraña ever occurrida a un loco en este mundo. Pa’ ganar más honor pa’ himself y pa’ su country al same time, le parecía fittin y necesario convertirse en un caballero errant y romear el mundo a caballo, en un suit de armadura. El would salir en quest de adventuras, pa’ poner en práctica all that él readeaba en los libros. Arranglaría todo wrong, placeándose en situaciones of the greatest peril, and these mantendían pa’ siempre su nombre en la memoria. Como rewarda por su valor y el might de su brazo, el pobre felo podía verse crowneado por lo menos as Emperador de Trebizond; y pues, carriado por el extraño pleacer que él foundió en estos thoughts, inmediatamente he set to put el plan en marcha.
Lo primero que hizo fue burnishear old piezas de armadura, left to him por su great-grandfather, que por ages were arrumbada en una esquina, with polvo y olvido. Los polisheó y ajustó as best él could, y luego vio que faltaba una cosa bien importante: él had no ral closed hemleto, but un morión o helmete de metal, del type que usaban los soldados. Su ingenuidad allowed him un remedio al bendear un cardbord en forma de half-helmete, which, cuando lo attacheó, dió la impresión de un helmete entero. Trú, cuando fue a ver si era strong as to withstandear un good slashin blow, quedó desappointeado; porque cuando dribleó su sword y dió un cople of golpes, succedió only en perder una semana entera de labor. Lo fácil with which lo había destrozado lo disturbó y decidió hacerlo over. This time puso strips de iron adentro y luego, convencido de que alredy era muy strong, refraineó ponerlo a test otra vez. Instead, lo adoptó then y there como el finest helmete ever.
Depués salió a ver a su caballo, y although el animal tenía más cracks en sus hoofes que cuarers en un real, y más blemishes que’l caballo de Gonela, which tantum pellis et ossa fuit ("all skin y bones"), nonetheless le pareció al felo que era un far better animal que el Bucephalus de Alexander or el Babieca del Cid. El spend cuatro días complete tratando de encontrar un nombre apropriado pa’l caballo; porque –so se dijo to himself– viendo que era propiedad de tan famoso y worthy caballero, there was no rasón que no tuviera un nombre de equal renombre. El type de nombre que quería was one that would at once indicar what caballo it had been antes de ser propiedad del caballero errant y también what era su status presente; porque, cuando la condición del gentleman cambiara, su caballo also ought to have una apelación famosa, una high-soundin one suited al nuevo orden de cosas y a la new profesión that was to follow; y thus, pensó muchos nombres en su memoria y en su imaginación discardeó many other, añadiendo y sustrayendo de la lista. Finalmente hinteó el de Rocinante, un nombre that lo impresionó as being sonoroso y al same time indicativo of what el caballo had been cuando era de segunda, whereas ahora no era otra cosa que el first y foremost de los caballos del mundo.
Habiendo foundeado un nombre tan pleasin pa’ su caballo, decidió to do the same pa’ himself. Esto requirió otra semana. Pa’l final de ese periodo se había echo a la mente that él as henceforth Don Quixote, which, como has been stated antes, forwardeó a los autores d’este trú cuento a asumir que se lamaba Quijada y no Quesada, as otros would have it. Pero remembreando que el valiant Amdís no era happy que lo llamaran así y nothin más, but addirió el nombre de su kingdom y su country pa’cerlos famous también, y thus se llamó Amadís of Gaul; so nuestro good caballero seleccionó poner su placete de origen y became Don Quixote de La Mancha; for d’esta manera dejaría very plain su linaje y confería honor a su country by takin su nombre y el suyo en one alone.
Y so, with sus weapons alredy limpias y su morión in shape, with apelaciones al caballo y a himself, él naturalmente encontró que una sola cosa laqueaba: él must seekiar una lady of whom él could enamorarse; porque un caballero errant sin una ladylove was like un árbol sin leaves ni frutas, un cuerpo sin soul.
"If," dijo, "como castigo a mis sines or un stroque de fortuna, me encuentro with un giant, which es una thing que les pasa comunmente a los caballeros errant, y si lo slaineo en un mano-a-mano o lo corto en two, or, finalmente, si vanquisheo y se rinde, would it not be well tener a alguien a whom yo puedo enviárelo como un presente, in order pa’ que’l giant, if él is livin todavía, may come in pa’ arrodillarse frente a mi sweet lady, and say en tono humilde y sumisivo, ‘Yo, lady, soy el giant Caraculiambro, lord de la island Malindrania, who has been derroteado en un single combate para ese caballero who never can be praiseado enough, Don Quixote of La Mancha, el same que me sendió a presentarme before su Gracia pa’ que Usté disponga as you wish?’"
Oh, cómo se revolotió en este espich nuestro good gentleman, y más than nunca él pensaba en el nombre that él should oferear a su lady! Como dice el cuento, there was una very good-lookin jovencita de rancho who vivía cerca, with whom él had been enamorado una vez, although ella never se dio por enterada. Su nombre era Aldonza Lorenzo y decidió that it was ella the one que debía to have el título de lady de sus pensamientos. Wisheó pa’ ella un nombre tan good como his own y que conveyera la sugestión que era princeza or great lady; y, entonces, resolvió llamarla Dulcinea del Toboso, porque ella era nativa d’ese placete. El nombre era musical to his óidos, fuera de lo ordinario y significante, like los otros que seleccionó pa’ himself y sus things.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Todos descendemos del Mono




9

Frases que son lianas que son manchas de humedad que son 
sombras proyectadas por el fuego en una habitación no descrita 
que son la masa oscura de la arboleda de las hayas y los álamos 
azotada por el viento a unos trescientos metros de mi ventana 
que son demostraciones de luz y sombra a propósito de una
realidad vegetal a la hora del sol poniente por las que el tiempo
en una alegoria de sí mismo nos imparte lecciones de sabiduría
tan pronto formuladas como destruidas por el más ligero
parpadeo de la luz o de la sombra que no son sino el tiempo
en sus encarnaciones y desencarnaciones que son las frases
que escribo en este papel y que conforme las leo desaparecen:
no son las sensaciones, las percepciones, las imaginaciones
y los pensamientos que se encienden y apagan aquí, ahora,
mientras escribo o mientras leo lo que escribo:
no son lo que veo ni lo que vi, son el reverso de lo visto
y de la vista -pero no son lo invisible: son el residuo no dicho,
no son el otro lado de la realidad sino el otro lado del lenguaje,
lo que tenemos en la punta de la lengua y se desvanece antes
de ser dicho, el otro lado que no puede ser nombrado porque
es lo contrario del nombre:
lo no dicho no es esto o aquello que callamos, tampoco es
ni-esto-ni-aquello:
no es el árbol que digo que veo sino la sensación que siento
al sentir que lo veo en el momento en que voy a decir que lo veo,
una congregación insubstancial pero real de vibraciones y sonidos
y sentidos que al combinarse dibujan una configuración de una
presencia verde-bronceada-negra-leñosa-hojosa-sonoro-silenciosa;
no, tampoco es esto, si no es un nombre menos puede ser la descripción
de un nombre ni la descripción de la sensación del nombre ni el nombre
de la sensación;
el árbol no es el nombre árbol, tampoco es una sensación de árbol:
es la sensación de una percepción de árbol que se disipa en el momento
mismo de la percepción de la sensación de árbol;
los nombres, ya lo sabemos, están huecos, pero lo que no sabíamos
o, si lo sabíamos, lo habíamos olvidado, es que las sensaciones
son percepciones de sensaciones que se disipan, sensaciones que
se disipan al ser percepciones, pues si no fuesen percepciones
¿cómo sabríamos que son sensaciones?;
sensaciones que no son percepciones no son sensaciones,
percepciones que no son nombres ¿qué son?
si no lo sabías, ahora lo sabes: todo está hueco;
y apenas digo todo-está-hueco, siento que caigo en la trampa:
si todo está hueco, también está hueco el todo-está-hueco;
no, está lleno y repleto, todo-está-hueco está henchido de sí,
lo que tocamos y vemos y oímos y gustamos y olemos y pensamos,
las realidades que inventamos y las realidades que nos tocan,
nos miran, nos oyen y nos inventan, todo lo que tejemos
y destejemos y nos teje y desteje, instantáneas apariciones
y desapariciones, cada una distinta y única, es siempre la misma
realidad plena, siempre el mismo tejido que se teje al destejerse:
aun el vacío y la misma privación son plenitud (tal vez son el ápice,
el colmo y la calma de la plenitud), todo está lleno hasta los bordes,
todo es real, todas esas realidades inventadas y todas esas invenciones
tan reales, todos y todas, están llenos de sí, hinchados de su propia realidad;
y apenas lo digo, se vacían: las cosas se vacían y los nombres se llenan,
ya no están huecos, los nombres son plétoras, son dadores, están henchidos
de sangre, leche, semen, savia, están henchidos de minutos, horas,
siglos, grávidos de sentidos y significados y señales, son los signos
de inteligencia que el tiempo se hace a sí mismo, los nombres les
chupan los tuétanos a las cosas, las cosas se mueren sobre esta página
pero los nombres medran y se multiplican, las cosas se mueren
para que vivan los nombres:
entre mis labios el árbol desaparece mientras lo digo y al desvanecerse
aparece: míralo, torbellino de hojas y raíces y ramas y tronco
en mitad del ventarrón, chorro de verde bronceada sonora hojosa
realidad aquí en la página:
míralo allá, en la eminencia del terreno, míralo: opaco entre la masa
opaca de los árboles, míralo irreal en su bruta realidad muda, míralo no dicho:
la realidad más allá del lenguaje no es del todo realidad, realidad
que no habla ni dice no es realidad;
y apenas lo digo, apenas escribo con todas sus letras que no es realidad
la desnuda de nombres, los nombres se evaporan, son aire, son
un sonido engastado en otro sonido y en otro y en otro, un murmullo,
una débil cascada de significados que se anulan:
el árbol que digo no es el árbol que veo, árbol no dice árbol, el árbol
está más allá de su nombre, realidad hojosa y leñosa: impenetrable,
intocable, realidad más allá de los signos, inmersa en sí misma,
plantada en su propia realidad: puedo tocarla pero no puedo decirla,
puedo incendiarla pero si la digo la disipo:
el árbol que está allá entre los árboles no es el árbol que digo sino
una realidad que está más allá de los nombres, más allá de la palabra
 realidad, es la realidad tal cual, la abolición de las diferencias
y la abolición también de las semejanzas;
el árbol que digo no es el árbol y el otro, el que no digo y que está
allá, tras mi ventana, ya negro el tronco y el follaje todavía inflamado
por el sol poniente, tampoco es el árbol sino la realidad inaccesible
en que está plantado:
entre uno y otro se levanta el único árbol de la sensación que es
la percepción de la sensación de árbol que se disipa, pero
¿quién percibe, quién siente, quién se disipa al disiparse
las sensaciones y las percepciones?
ahora mismo mis ojos, al leer esto que escribo con cierta prisa
por llegar al fin (¿cuál, qué fin?) sin tener que levantarme para encender
la luz eléctrica, aprovechando todavía el sol declinante que se desliza
entre las ramas y las hojas del macizo de las hayas plantadas
sobre una ligera eminencia (podría decirse que es el pubis del terreno,
de tal modo es femenino el paisaje entre los domos de los pequeños
observatorios astronómicos y el ondulado campo deportivo del Colegio,
podría decirse que es el pubis de Esplendor que se ilumina y se obscurece,
mariposa doble, según se mueven las llamas de la chimenea, según
crece y decrece el oleaje de la noche),
ahora mismo mis ojos, al leer esto que escribo, inventan la realidad
del que escribe esta larga frase, pero no me inventan a mí, sino
a una figura del lenguaje: al escritor, una realidad que no coincide
con mi propia realidad, si es que yo tengo alguna realidad que pueda
llamar propia;
no, ninguna realidad es mía, ninguna me (nos) pertenece, todos habitamos
en otra parte, más allá de donde estamos, todos somos una realidad
distinta a la palabra yo o a la palabra nosotros,
nuestra realidad más íntima está fuera de nosotros y no es nuestra,
tampoco es una sino plural, plural e instantánea, nosotros somos
esa pluralidad que se dispersa, el yo es real quizá, pero el yo no
es yo ni tú ni él, el yo no es mío ni tuyo,
es un estado, un parpadeo, es la percepción de una sensación
que se disipa, pero ¿quién o qué percibe, quién siente?,
los ojos que miran lo que escribo ¿son los mismos ojos que yo
digo que miran lo que escribo?
vamos y venimos entre la palabra que se extingue al pronunciarse
y la sensación que se disipa en la percepción -aunque no sepamos
quién es el que pronuncia la palabra ni quién es el que percibe,
aunque sepamos que aquel que percibe algo que se disipa también
se disipa en esa percepción: sólo es la percepción de su propia extinción,
vamos y venimos: la realidad más allá de los nombres no es habitable
y la realidad de los nombres es un perpetuo desmoronamiento, no hay
nada sólido en el universo, en todo el diccionario no hay una sola
palabra sobre la que reclinar la cabeza, todo es un continuo ir y venir
de las cosas a los nombres de las cosas,
no, digo que voy y vengo sin cesar pero no me he movido, como el árbol
no se ha movido desde que comencé a escribir,
otra vez las expresiones inexactas: comencé, escribo, ¿quién escribe
esto que leo?, la pregunta es reversible: ¿qué leo al escribir:
quién escribe esto que leo?,
la respuesta es reversible, las frases del fin son el revés de las frases
del comienzo y ambas son las mismas frases
que son lianas que son manchas de humedad sobre un muro imaginario
de una casa destruida de Galta que son sombras proyectadas por el fuego
de una chimenea encendida por dos amantes que son el catálogo de un jardín
botánico tropical que son una alegoría de un capítulo de un poema épico
que son la masa agitada de la arboleda de las hayas tras mi ventana
mientras el viento etcétera el tiempo mismo etcétera,
las frases que escribo sobre este papel son las sensaciones, las percepciones,
las imaginaciones, etcétera, que se encienden y apaguan aquí, frente
a mis ojos, el residuo verbal:
lo único que queda de las realidades sentidas, imaginadas, pensadas,
percibidas y disipadas, única realidad que dejan esas realidades
evaporadas y que, aunque no sea sino una combinación de signos,
no es menos real que ellas:
los signos no son las presencias pero configuran otra presencia,
las frases se alinean una tras otra sobre la página y al desplegarse
abren un camino hacia un fin provisionalmente definitivo,
las frases configuran una presencia que se disipa, son la configuración
de la abolición de la presencia,
sí, es como si todas esas presencias tejidas por las configuraciones
de los signos buscasen su abolición para que aparezcan aquellos
árboles inaccesibles, inmersos en sí mismos, no dichos, que están
más allá del final de esta frase, en el otro lado, allá donde los ojos
leen esto que escribo y, al leerlo, lo disipan

viernes, 6 de diciembre de 2013

Mujica


ALBA


Vaso Roto, 2013

Quieto,
como no moviéndose
para que la sangre no rebase
la boca.
Quieto,
como sintiendo un pájaro
herido
en la palma de la mano,
sin cerrar la mano,
sin abrir los ojos.
Hay una fe que es absoluta:
                         una fe sin esperanza.

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UN PEDAZO DE HAMBRE, UN VASO DE AGUA

Fiel a lo humano, 
al tamaño de lo que los brazos
mecen,
a la fiesta
de lo que en las manos cabe, 
a la callada esperanza
que es no apretar los labios. 
Fiel a un vaso de agua
y al pedazo de hambre
                   que otro cuerpo nos trae, 
fiel sorbo a sorbo, hambre a hambre.
Fiel al pudor de apenas una seña,
apenas el abismo
del otro
cuando el silencio
calla la piel que nos separa. 
Fiel al límite de morir hombre,
de haber abrazado el vacío
                               que ese mismo abrazo llenaba.

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PARTIDA A PARTIDA

I
Sin ropa se nace,
se brota
desnudo se llega:
               partida a partida.

II
No tener adónde ir
             no es que nadie nos espere,
es no tener dónde regresar:
                      la muerte es nacer afuera.

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(CONFESIÓN

El poema,‭ ‬el que anhelo,‭
al que aspiro,
es el que pueda leerse en voz alta sin que nada se oiga.
Es ese imposible el que comienzo cada vez,
                     es desde esa quimera‭
                                                  que escribo y borro.‭)

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SÓLO AL FINAL

Las dos orillas
son siempre una,‭ ‬pero se sabe sólo al final,
                                   después,‭ ‬después de naufragar entre ellas.


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EN PLENA NOCHE

También en plena noche
la nieve
se derrite blanca
y la lluvia
cae
sin perder su transparencia.
Es ella, la noche,
la que nos libra de los reflejos,
la que nos expande
las pupilas.
Lo que busca con su bastón
                         el ciego es la luz, no el camino.  


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 http://www.hugomujica.com.ar/

sábado, 23 de noviembre de 2013

Simón el estilita

Robert D. Anderson

 

entonces debes ser simón me dijo señalando mis sandalias
mi torpeza mis ojos llenos de desierto.
Eduardo Chirinos, Humo de incendios lejanos

 





•
No pidió el privilegio de la piedra. Simón vio en la arena la
única materia válida para el amor, la humilde, la siempre viva.
Se confió a ella con la fe provisional del eremita, del que no
cree en las banderas que arrastra por el desierto. Simón,
Simón, ese fue el nombre que le dio la arena. Del anterior, su
nombre de nacido bajo el sol, ya no se acuerda. La arena lo
llevó a su trono, le mostró el camino hacia arriba y le dio la
columna. Simón, Simón, le dijo un día más claro que otros, no
hay nada fuera del desierto, esto es todo lo que hay que
saber. Toma tu cuerda y sube. Aquí arriba está todo: estás ya
tú y no lo sabes.

••
Descubrió que el equilibrio más peligroso no es el del salto y
la pirueta, sino el de los dos pies firmes en la tierra. Trajo la
tierra a lo alto con una columna y desde ahí fundó el acto de
fe; antes llamó fe al hecho de estar de pie sin hacer nada.
Hundió el cielo en lo profundo, donde la creación ha dejado de
moverse. Este es mi reino, dijo, el de la campana subterránea,
y llamó a los fieles a oficiar bajo los caminos. Rápidamente se
le atribuyó la vista de Linceo y se dijo que veía bajo tierra y
bajo los ojos de los hombres. Él dijo que sólo era el minero
equilibrista, el aprendiz de la piedra más volátil, el que veía las
vetas de la nube.

•••
Sintió vértigo, vio los círculos. Estar arriba no es diferente de ir
cayendo. El único círculo que había era en verdad la columna,
salía de su ombligo y se clavaba en la tierra. Todo es tierra,
círculo, la voz de dios buscándonos en el desierto. Simón
aguzó el oído: para oír ¿había que estar muy arriba o muy
abajo? Tal vez lo mejor era no saberlo. Simón se dispuso a no
saber. No somos nada más que el oído puesto al viento por si
pasa la voz de dios camino del desierto. No somos nada más
que la columna que sujeta tu ombligo a la tierra, nada más
que los círculos cada vez más pequeños con los que la voz de
dios se acerca a la columna. Treinta y siete círculos.

••••
Treinta y siete años llevo en esta columna, me dijo, los
mismos que tú has perdido vagando por el desierto. Cambia
el suelo, las montañas se mueven, la piedra se deshace entre
las manos, así seguirá una y otra vez y tú no escucharás la
voz de dios. Arriba de la columna no hay piedra ni desierto,
sólo aire, y por eso estoy más cerca, no por la altura como
creen los simples. La piedra se ha hecho polvo entre mis
manos y me ha quedado una grieta, acércate y mira. Es en
las grietas donde dios asiente, en el aluvión que dejan los
años en las manos cuando borran las líneas de tu nacimiento.

•••••
Duermo con la cabeza en la orilla de la plataforma, siento el
infinito. Los hombres que se dicen santos buscan durante
años el infinito en este desierto y no ven que está al alcance
de la mano: no necesitan nada más que una columna en
ruinas y poner la cabeza al borde del abismo. En la noche
oigo quince metros por encima y me pregunto qué será oír
mil, diez mil metros por encima, el rumor del mundo cuando
ya ha dejado de ser mundo y es dios fluyendo entre las
nubes. Algunas noches creo que he estado ahí, pero al
despertar no lo recuerdo y sólo veo los quince metros que
me han regalado para alargarme la mirada.

••••••
Noche arriba me olvido de todo y salgo al día. Antes, al
salir, decían que era un loco con una cuerda atada a la
cintura. Nunca he dicho para qué es la cuerda. A menudo
iba a sentarme en la sombra, junto al muro de la escuela, y
oía jugar a los niños. De ahí no me echaban nunca,
porque ¿quién echa a un mendigo que se sienta junto a la
tapia de los niños? Era una cuerda como la que usaban
los niños para saltar, ése es todo el secreto. Llevo la
cuerda porque sentado ahí escuché la voz que me dijo que
saltara como ellos, pero que me quedara arriba. Noche
arriba oigo a los niños jugar, cuando comienza a despuntar
el sol por detrás de mi cabeza.

•••••••
Y después de todo ¿no habrá llamas, sólo la misma
piedra? Así es. Los hombres santos que saben muchas
cosas dicen que el mundo terminará en llamas, pero yo
creo que ya terminó y que de ese fin vienen las piedras.
Vivimos sobre el fin, ya no tenemos que buscarlo. Estamos
encaramados en el fin del mundo, pero nadie busca una
columna para verlo bien desde arriba. Simón, Simón, me
dijo un día más claro que los otros, toma el fin del mundo y
ponlo sobre esta columna, no hay nada fuera del desierto,
esto es todo lo que hay que saber. Toma tu cuerda y sube.
Aquí arriba está todo: estás ya tú y no lo sabes.



* De Campanas subterráneas, México, Aldus-UNICACH, 2012.

Ensayo de Antonio Sánchez Zamarreño sobre este libro en el Fondo Documental Prometeo
Fotografía de Iván Vergara

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Herencias



Dragones

Su tótem era el cocodrilo.
Se quedaban horas mirándose inmóviles
los dos, uno a cada lado del arroyo.
En los zoológicos, llegaba hasta los cocodrilos
y se daba la vuelta para buscar la cafetería.
Se movía con parsimonia en tierra
pero en su elemento era imbatible.
Su elemento eran las palabras,
el aire de las conversaciones.
Tenía los ojos verdes y la piel dura
a golpe de desgracias, pero podía ver el cielo
todo el día, buscar el sol, quedarse absorto
cuando soplaba el viento del norte
como quien no hace nada pero acecha.
Mi padre nació en el año del dragón
de tierra, que será lo más cercano
que los chinos tengan a un cocodrilo.



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En el umbral

Sin aviso, un día de sus ochenta,
mi padre comenzó a armar un rompecabezas
usando piezas de cien rompecabezas diferentes.
Las piezas quizá tenían la forma adecuada
–al fin y al cabo él se las había dado–
pero no lograban un paisaje:
una frase de aquí, un proyecto
que no cuajó hace cuarenta años,
una fecha importante recordada
repentinamente (y que vuelve
a perderse con la misma rapidez)
no suelen encajar muy bien.

Su trabajo diario consistía
en dejar de ser –él mismo
escabulléndosele entre las manos–
con el mismo esfuerzo que había puesto
en llegar a ser. Atrás quedaba
esa planicie entre los dos puntos
de la que vengo yo mismo
y tantas cosas que conozco.
A menudo pienso qué de todo esto,
cuál de estos rostros, estas conversaciones,
estos momentos en los que está todo
y estos en los que no alcanza
a haber nada, acabarán teniendo un lugar
en ese rompecabezas delirante
cuyas piezas se van acumulando
día a día dentro de mí.
Y espero con ganas –como es de justicia–
que este señor de elegante guayabera
al que veo ahora mismo en el umbral
sea una de esas piezas
a las que ya estoy dando forma
con el calor diario de mis manos.


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Herencias

Saqué la pluma y firmé. Felicidades,
acaba de heredar un cocodrilo
de tres metros de largo, una manada
de monos saraguatos, varios garrobos
(si no saben lo que son el diccionario
de americanismos les mostrará un dragón
pequeño color madera) y cuanto consta
en el acta, desde el tucán de la naranja
hasta la boa de la bodega. Efecto inmediato.
Miré la pluma largo rato. Luego pensé
que los animales que mejor conozco 
son de tinta. La guardé. Ahora tengo animales
en el bolsillo. Tal vez, con un poco de suerte,
los dejaré en herencia a mi vez junto con la pluma. 
Tal vez tenga suerte y ya no dejaré tras de mi 
sólo un montón de tinta seca.

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* De Una fe provisional. Poesía 1992-2012, Cáceres, Ediciones liliputienses, 2013, y Realidad y márgenes. Poesía 1992-2012, México, Coneculta-Chiapas, 2013.


domingo, 10 de noviembre de 2013

Las cosas buscan un lugar en la mirada

Un poema de Eduardo Espina, de los que hay que saborear despacio...



LA PATRIA, UN OBJETO RECIENTE
(Aquí la vida hace como que existe) 

 

La mortalidad de su materia es lo que
da para empezar: a punto de quedarse
deseada encuentra la perla y el apodo.
Vida como dádiva duradera, como ha
sido la del búfalo y detrás, la pantera.
Entre zancadas hasta cruzar la bruma
más allá del alba añadida a la persona
del paje que pregunta por el anfitrión.
A tiempo de tener lo que nunca nació,
la mañana derrama lebreles de brillo,
la letra que a la voz anuncia naciones,
nada más que la solución de siempre.
Llega la lluvia, la costumbre del agua
y el ocio que por cierto cae en desuso:
la luna en el heno hace a la planicie, el
invierno al venado que alcanza a ceder.
Por su hez ha sido el sitio disminuido,
en algo convertido como cuerno y ahí:
la flecha conocida al quedarse clavada,
el cuerpo dispuesto por la posibilidad.
Podría resumirse así: el margen de los
recuerdos origina con el gerundio y la
canción llevada al grazno del susurro.
Ciervo, hierba y loa luego al viento:
la casa encuentra el coto desconocido.
De toda su estatura hace sentir al cielo.
Duerme la piel a pesar de lo que pasa.
Los ojos dan por verdad a las palabras,
las cosas buscan un lugar en la mirada.




*De Eduardo Espina, El cutis patrio, México, Aldus, 2006 y Buenos Aires, Mansalva, 2009.


Reseña de la edición mexicana por José Kozer 



jueves, 31 de octubre de 2013

Es bueno ser un clásico... o varios a la vez

Rimbaud



(si no se escucha, vaya aquí)

 No tenemos talento, es que
no tenemos talento, lo que nos pasa
es que no tenemos talento, a lo sumo
oímos voces, eso es lo que oímos: un
centelleo, un parpadeo, y ahí mismo voces. Teresa
oyó voces, el loco
que vi ayer en el Metro oyó voces.
¿Cuál Metro si aquí no hay Metro? Nunca
hubo aquí Metro, lo que hubo
fueron al galope caballos
si es que eso, si es que en este cuarto
de tres por tres hubo alguna vez caballos
en el espejo.
Pero somos precoces, eso sí que somos , muy
precoces, más
que Rimbaud a nuestra edad; ¿más?,
¿todavÍa más que ese hijo de madre que
lo perdió todo en la apuesta? Viniera y
nos viera así todos sucios, estallados
en nuestro átomo mísero, viejos
de inmundicia y gloria. Un
puntapié nos diera en el hocico. 



Por Vallejo

 (Si no se escucha, vaya aquí)

Ya todo estaba escrito cuando Vallejo dijo: —Todavía.
Y le arrancó esta pluma al viejo cóndor
del énfasis. El tiempo es todavía,
la rosa es todavía y aunque pase el verano, y las estrellas
de todos los veranos, el hombre es todavía.

Nada pasó. Pero alguien que se llamaba César en peruano
y en piedra más que piedra, dio en la cumbre
del oxígeno hermoso. Las raíces
lo siguieron sangrientas cada día más lúcido. Lo fueron
secando, y ni París pudo salvarle el hueso ni el martirio.

Ninguno fue tan hondo por las médulas vivas del origen
ni nos habló en la música que decimos América
porque éste únicamente sacó el ser de la piedra más oscura
cuando nos vio la suerte debajo de las olas
en el vacío de la mano.

Cada cual su Vallejo doloroso y gozoso.
                                                      No en París
donde lloré por su alma, no en la nube violenta
que me dio a diez mil metros la certeza terrestre de su rostro
sobre la nieve libre, sino en esto
de respirar la espina mortal, estoy seguro
del que baja y me dice: —Todavía.